Cotaá era el dios de un pueblo que vivía en la zona boscosa del Gran Chaco.
Conocedor de que la gente de ese lugar llevaba una vida muy sacrificada, decidió
regalarles una planta que les sirviera de alimento y que también calmara su sed. Cuando la creó, se sintió muy feliz. Medía algo más de dos metros de alto y sus ramitas se enlazaban con otros árboles como si los abrazara.
Lamentablemente, alguien había espiado sus movimientos. Era Naiapec, el diablo, que de inmediato resolvió arruinar la obra del generoso Cotaá: juntó en un recipiente todas las lágrimas derramadas por ese pueblo tan sufrido y las arrojó sobre la planta recientemente creada por Cotáa.
Cuando los indios descubrieron la nueva planta, se alegraron porque sabían que, si la cuidaban, ya no les faltaría alimento. Pero al probar su jugo, éste sabía amargo y salado. No les serviría entonces para calmar la sed, pero aprendieron a usarlo como exquisito condimento que utilizaron desde entonces en las comidas de todas las fiestas.
Concurso literario
Aprovechamos la invitación de la Asociación Argentina de Lectura para participar de un concurso literario
lunes, 29 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Muy lindo el cuento!
Publicar un comentario